January 29, 2026

Un llamamiento al civismo desde la humildad y la empatía

Queridos hermanas y hermanos en Cristo:

Archbishop Charles C. ThompsonLos recientes tiroteos contra manifestantes, los ataques a funcionarios del gobierno y las continuas deportaciones indiscriminadas de tantos de nuestros vecinos han desatado la indignación y una grave preocupación por la integridad de nuestra nación. ¿Acaso se nos ha descalibrado la brújula moral? ¿Hemos sacrificado nuestro sentido de la decencia humana por una libertad desenfrenada sin obligaciones ni restricciones?  Sea cual sea el problema, como dice el refrán, el fin no justifica los medios.La violencia no es la respuesta a las tensiones y los desacuerdos. Si todavía no lo han hecho, les suplico que lean el mensaje especial que emitió la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en noviembre de 2025. Tal como nos recuerda el papa León XIV, el camino hacia la paz y la unidad duraderas se construye con puentes y no muros.

Allí iría yo, si no fuera por la gracia de Dios. Si bien el origen de esta cita sigue siendo incierto, a menudo se atribuye esta famosa frase a John Bradford, un reformador y mártir inglés del siglo XVI, mientras presenciaba la ejecución de unos criminales. Independientemente de su origen, la frase es una expresión de humilde conciencia de uno mismo y de empatía hacia los demás. Durante su histórico discurso ante el Congreso de Estados Unidos en 2015, el difunto papa Francisco expresó su preocupación por varios asuntos relacionados con el respeto a la vida en el contexto de la llamada antigua Regla de Oro, a saber: Traten a los demás como les gustaría ser tratados. (cf. Mt 7:12)

Dada la escalada de violencia—tanto en el discurso como en la brutalidad—en nuestra sociedad, pareciera que la humildad y la empatía brillan por su ausencia entre nosotros, mientras que la creciente falta de civismo sigue fuera de control. En lugar de reconocernos unos a otros como hermanos y hermanas, miembros de la misma raza humana o familia, los extremos de la polarización nos están haciendo sospechar del otro, como si fuéramos algún tipo de amenaza o enemigo. Hubo un tiempo en que una persona era inocente hasta que se demostrara su culpabilidad; no obstante, cada vez somos más testigos de lo contrario. Con poco o ningún sentido del respeto por la dignidad de las personas o el carácter sagrado de la vida, tendemos a juzgar, arrestar, disparar o condenar antes de cuestionarnos a nosotros mismos y a los demás. La verdad ha sido sacrificada en aras del ego, la ideología y la agenda partidista.  Para poder lograr las reformas adecuadas en el ámbito de inmigración, política y economía, debemos dejar que la Regla de Oro transforme nuestras mentes y corazones.

Independientemente del credo o la tendencia política de cada uno, la empatía y la humildad son parte integral de lo que significa ser humano. Lo que nos diferencia de los animales es nuestra capacidad de pensar, razonar, sentir, dialogar y responder, en lugar de reaccionar. Aunque hay entre nosotros quienes son criminales, incluso malvados, no debemos echar en el mismo saco a toda una clase o grupo de personas. Vivimos en una sociedad muy compleja que requiere algo más que respuestas simples o soluciones cortoplacistas. Debemos superar las mezquindades del orgullo, la vanidad y el egocentrismo para ser mejores.

Con demasiada frecuencia nos apresuramos a etiquetar a la gente como problemas que hay que resolver o eliminar, en lugar de como personas que poseen una dignidad inherente pese a sus heridas e imperfecciones. Esto vale para el no nacido, el sintecho, el adicto, la víctima de trata de personas, el enfermo, el anciano, el preso, el emigrante y el refugiado. El aborto, las deportaciones masivas, la eutanasia, los tiroteos indiscriminados y la llamada autopreservación justificable son formas de resolver o eliminar problemas—una inhumanidad contra la propia humanidad—en lugar de tratar humanamente a quienes se enfrentan a los grandes retos que asolan nuestra condición humana. Cuando perdemos de vista el significado y el sentido de pertenencia de la familia humana, los más afectados son los pobres y vulnerables, pero todos sufrimos. Quizá pocos entiendan lo que significa formar parte de una familia, algo más grande que uno mismo, con valores y principios que fomentan relaciones interpersonales de confianza y respeto mutuos. Allí iría yo … cualquiera de nosotros, si no fuera por la gracia de Dios

De ustedes en Cristo,

Reverendísimo Charles C. Thompson
Arzobispo de Indianápolis

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