August 25, 2006

Seeking the Face of the Lord

Santa Teodora es un modelo de oración para todas
las corrientes misioneras

Me encontraba de vacaciones cuando anunciaron que la Santa Madre Teodora Guérin sería canonizada como santa de la Iglesia el 15 de octubre. ¡Cuán emocionadas están las hermanas de la Providencia en Santa María de los Bosques!

Como alguien que le ha rezado diariamente durante años a la Madre Teodora, a mí también me parece que la noticia es demasiado buena para ser verdad.

He sabido sobre la querida fundadora de las Hermanas de la Providencia desde mis primeros años de escuela elemental en San José en Jasper, la primera escuela elemental fundada por ella.

Para nuestra arquidiócesis resulta un privilegio extraordinario tener una santa canonizada, enterrada aquí. Pero es más que eso.

Luego de haber recibido la noticia de Roma, he reflexionado mucho sobre el significado de Santa Teodora (el nombre con el cual se canonizará a la Madre Teodora), para nuestra Iglesia local en esta época actual.

En el pasado, he escrito en esta columna acerca de la fundación de la educación católica en Indiana llevada a cabo por la Madre Teodora.

En contra de todo pronóstico, en circunstancias primitivas, Santa Teodora fundó escuelas para los niños pobres porque tenía la visión del gran valor académico y religioso que revestían.

Su ejemplo nos lleva a detenernos en esta época en la cual es tan difícil para nuestras comunidades parroquiales mantener una educación católica excelente. Algunos cuestionan si deberíamos abandonar nuestra misión en las escuelas católicas, especialmente en las parroquias más necesitadas.

El arrojo, la valentía y la generosidad de la invencible Santa Teodora resulta una inspiración muy oportuna y necesaria. Creo que no podríamos hallar una patrona más idónea para nuestro apostolado de escuelas católicas y de la educación católica en general, que tantos apremios sufren.

Sólo tenemos que leer los relatos de los primeros años de la actividad misionaria de la Madre Teodora para sentir las luchas que ella y su pequeña comunidad experimentaron para poder hallar y proveer los recursos necesarios para servir a la primitiva Iglesia de Cristo en Indiana.

Ella fue una fuerza clave para seguir edificando sobre las bases de la misión católica valerosamente iniciada por el Siervo de Dios, nuestro primer obispo, Simon Bruté.

Ya era bastante difícil para la comunidad pionera de las Hermanas de la Providencia sobrevivir en la austeridad de los bosques cerca de Terre Haute. Sin embargo, en lugar de ocuparse únicamente de sus necesidades, se aventuraban a servir a los pobres de Dios, especialmente a las mujeres jóvenes en toda Indiana.

En ocasiones, cuando nos preocupamos por los retos desalentadores asociados con el desarrollo y proliferación de un estilo de vida al servicio de nuestra Iglesia local, Santa Teodora nos proporciona una guía.

Los relatos de su travesía por el tumultuoso Océano Atlántico en naves poco aptas para la navegación marina, son increíbles. No obstante, cruzó el tormentoso océano varias veces para encontrar los recursos necesarios para llevar la misión de Cristo a nuestra parte del Nuevo Mundo. Invocó las fuerzas necesarias para superar sus temores personales a fin de poder buscar ayuda para las misiones desesperadas en Indiana.

Sugiero que recurramos a Santa Teodora para obtener inspiración y valentía para hacer frente a las necesidades incesantes de nuestra Iglesia local.

No vivimos en las circunstancias primitivas de las primeras Hermanas de la Providencia (al igual que otras fundaciones religiosas), del siglo XIX. Pero vivimos en una cultura que tiende a apartarse de la pobreza en nuestras propias misiones en Indiana.

Muchas veces recuerdo las palabras de la Madre Teodora: “Pero una vez más, debemos hablar de dinero. ¿Cuándo llegará el día en que podamos mantenernos ocupados únicamente con Dios? Nuestro consuelo es que en su nombre es que nos dedicamos a otras tareas.”

Rezo para que bajo el patronato de Santa Teodora Guérin se nos ayude a ver más allá de los límites de nuestros propios patios, metafóricamente hablando, a fin de poder servir a los pobres que necesitan de la ayuda de todos nosotros.

La Madre Teodora tenía una visión misionaria que siguió, aun a pesar de la desafortunada oposición de uno de los primeros obispos de Vincennes.

Lo que me impresiona es que mantuvo esa visión férrea de servir las necesidades de Cristo en la Iglesia más amplia y en la sociedad, al tiempo que también se concentraba en las necesidades de su propia comunidad de hermanas fundadoras que vivían en la pobreza, tanto en el bosque como en las primeras misiones en toda Indiana.

Al final, Santa Teodora es un modelo del papel central que juega la oración, a partir de la cual surgen todas las misiones.

Su convicción sobre la importancia de la oración era inquebrantable, especialmente la devoción al Santo Sacramento y la protección de Nuestra Señora de la Providencia. Lo primero que hicieron la Madre Teodora y sus compañeras fundadoras cuando llegaron al bosque fue buscar fuerzas y consuelo ante el Santo Sacramento.

Escribió: “¡Qué fuerzas obtiene el alma a partir de la oración! En medio de una tormenta, qué dulce es la calma que se encuentra en el Corazón de Jesús. Pero, ¿qué consuelo existe para aquellos que no rezan?” †

 

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